Cuentos de animas y caminantes
C152
Relato
Libro de Ma.Kamila
Cuentos de ánimas y caminantes
Libro 1 Ma.Kamila Rodriguez
El disernimiento es un don espiritual que como tal, algunas personas lo
poseen y otras lo carecen.
PROLOGO
La razón de
carencia podría estar relacionado con el volumen de espiritualidad del
individuo o bien con la presencia del alma en este, toda vez es reconocido que
el ser humano es libre de aceptar o negar su alma, quien sabe lo más
controversial de este.
INTRODUCCION
Una chica que
hacia su vida día a día, normalmente, le gustaba desayunar en un balcón que poseía
en su departamento, luego de lo cual salía para su trabajo como rutinariamente solía
hacerlo. Tenía un vecino justamente en el balcón de frente al departamento,
quien también gustaba de desayunar ahí a la misma hora, lo que creo cierta
afinidad y fruto de lo cual un saludo diario.
Su rutina era
luego de desayunar salir hacia el trabajo, en el cual su relacionamiento con
las personas tanto en la calle como en su trabajo era lo que podrías considerar
como normal y dentro de los estándares de un convivir común. Un buen día salió
a la rutina acompañada de su padre, quien gustaba de acompañarla cuando su
tiempo le permitía, es así como rompiendo la rutina se sentaron en una cafetería
de esas que tienen mesas que dan a la calle, en este lugar aprovechando la compañía
y el momento se pusieron a conversar ya que el padre veía con un tanto de preocupación
la forma de relacionarse que tenía la chica con todas las personas, algo
preocupado manifestaba que la veía como
muy abierta hacia la gente, en especial gente desconocida y de malas costumbres
y proceder que encontraba en la calle, lo cual sorprendía a la chica, quedando
anonadada pues no lograba entender lo que su padre le manifestaba. El padre en
un intento de hacerse entender procedió a manifestar que el veía como no
cuidaba de ella al exponerse a extraños, a desconocidos. La chica como toda
joven, sin comprender a lo que se refería su padre, le menciona que su proceder
es nada más por educación, a lo que su padre le cita por ejemplo, el vecino a
la hora del desayuno, ese que le sonríe a diario y ella siempre lo saluda.
Me preocupa
manifiesta el padre, pues parece que tú no te das cuenta que ese vecino es una
persona de muy mal proceder, aparte de ser una persona extremadamente grosera y
prepotente.
Entre tanto
esto sucedía, un mendigo se acercó extendiendo su mano en señal de pedir
caridad, a lo cual, la chica no dudo en darle lo que tenía en su mano con mucha
educación y respeto, una imagen rutinaria que se encuentra comúnmente en toda
urbe citadina. El padre observante de este evento, no dudo en utilizarlo como
clara muestra de su punto, el caso le resultaba adecuado para lo que le quería
demostrar, así que, le menciona en son de pregunta: ¿acaso, no te das cuenta de
lo que realmente está sucediendo con este mendigo?
A lo cual, la
chica bastante extrañada y pensando que su padre realmente estaba exagerando su
apreciación, le dice, claro que se, es un mendigo que está pidiendo caridad,
nada más, me ha extendido su mano y yo le he obsequiado unas monedas.
¿Acaso no te
das cuenta que este ser, que se arrastra por el suelo, carente de forma no es
un mendigo en realidad? Es un ser sin forma que incluso está profiriendo
insultos hacia ti y te esta ordenando que le entregues todo lo que tienes?
Tu no estas
observando como son las personas en realidad, estas observando solo su
superficie, solo lo que ellos pretenden hacerte ver.
Capítulo 1: Antología
Cuando era
niña, pensaba como niña, soñaba como niña, actuaba como niña y fue así que continúe,
aun a pesar de haber dejado la niñez atrás.
Todo comenzó
aquel día que conjuntamente con mi padre retornábamos a casa tarde en la noche,
en una esquina de la avenida yacía parada una chica, su estatura resaltaba a la
distancia, vestida de blanco parecía estar esperando a alguien, al acercarnos
note que su rostro era muy particular, puesto que sus ojos profundamente negros
y grandes se sostenían en una cabeza esquelética, a la cual no le faltaba una
cabellera rubia correctamente adornada.
Los detalles son importantes y el tomarse el tiempo necesario para
considerarlos no hace más que enriquecer el relato.
La figura
delgada y larga, alta como se podría decir en nuestro medio, hacía que no
pudiera pasar desapercibida al entorno, al ojo del observador, particular que
me llamo mucho la atención, ya que mi padre jamás la pudo ver, aún más cuando
pasamos junto a ella.
Que podría
haber estado haciendo esta joven parada en aquella esquina oscura y fría,
siendo casi medianoche, en una soledad espeluznante, que haría que el mas valiente
vigile su retaguardia ante cualquier sombra que pudiere estarlo vigilando.
Todo sucedió
en no más de diez segundos, que pudieron ser lo suficientemente impactantes
como para crear la impresión necesaria al observador cotidiano.
No más de diez
segundos bastaron para captar la imagen suficiente, tal cual cámara de fotos
con luz estroboscópica, por figurarlo de alguna forma.
Vestía un
traje blanco, no sabana como podría esperarse conforme la cosmogonía normal.
Con cosmogonía normal me refiero a la acumulación de conocimiento que se
obtiene de la experiencia, recuerdos, cuentos, fabulas y relatos de una región geográfica.
Su vestido
traje de dos piezas, blanco como la nieve, inmaculado, hacía pensar -dedicación
y esmero- en su mantenimiento, obviamente que no estaba de acuerdo con la
persona que lo portaba. Quizá lo más impactante era su altura, de un metro
noventa, nada menos, un tipo de estatura nada común, para un pueblo en el que
la estatura promedio no va más allá del metro sesenta, treinta centímetros mas,
por supuesto que salta a la vista, no pasa desapercibido ya sea de día y más
aun de noche.
No pasaría desapercibida
esta estatura, puesto que, mi propio padre la posee, lo cual me hace que sea
familiar el tipo.
Es algo no creíble
pero real, en el mundo acontecen muchas más cosas de las que nos permitimos percibir.
Solo basta
con fijarnos un poco más y descubriremos otros mundos actuando a la par del
nuestro, de este que conocemos y en el cual nos desarrollamos.
Mas, sin
embargo, en el punto mismo donde se sacude la razón, es el lugar donde se
pueden encontrar las respuestas que se buscan.
Sera acaso un
engendro? ¿o talvez un demonio?, una criatura ancestral que recorre las calles
de la ciudad en busca de algún otro ser... lo que sea solo sabemos que esta
fuera del rango de normalidad al que estamos acostumbrados.
Imaginemos
cada uno de los escenarios, si fuese un engendro tendría un lugar en el cual guarecerse
y una familia con la cual compartir, puesto que, en nuestro medio la probabilidad
de engendros es bastante alta, los hay por todo lugar y de todo tipo.
cuentease que
en la zona, moraban hace mucho tiempo unos seres muy parecidos a los simios por
su pelaje, nada más que con cabelleras largas y dientes grandes, estos
engendros fueron pobladores ancestrales del valle en el que se asienta la
ciudad y se caracterizaban por parecerse a todo menos un ser humano, corrían
desnudos por las planicies hasta que un buen día el volcán que domina la ciudad
reventó de tal forma que se partió en dos y justamente la ladera oriental de
este se desplomo por sobre estos pobres infelices cubriéndolos por completo.
Algunos
relatistas de este evento sostienen que no todos los engendros perecieron
sepultados por la montaña, los más vivos lograron escapar al percatarse de la
inminente situación y como almas que se lleva el demonio huyeron del lugar.
Estos mismos
sobrevivientes, una vez el volcán calmo su furia retornaron para establecerse
en lo que antes habría sido su hogar, perpetuándose en el tiempo hasta la
actualidad.
Los mas avezados
conocedores de estos, sostienen que aun penan por la ciudad en búsqueda de sus familias
perdidas en aquel triste evento; sea como sea, un factor no logra encajar entre
estos y la dama en cuestión, que, si bien pudiera ser un engendro, no sería
exactamente de este tipo.
Conozcamos un
tanto más al respecto de los engendros conforme los describe la literatura
existente.
Literatura de engendros
“Un engendro es un término despectivo para referirse a
un ser vivo deforme, feo o monstruoso, o a una obra, plan o idea mal concebidos
y mal ejecutados, resultando en algo grotesco o inútil, como un feto mal
formado o un proyecto desastroso. Se usa para describir algo anormal,
desproporcionado, repulsivo o que no cumple su propósito, implicando un mal
origen o desarrollo.
Nunca se explica con una fuente que tenga conocimiento
perfecto, así que toda la información que tenemos puede ser falsa. Lo que sí
sabemos es que nacen de mujeres capturadas de otras especies. Los humanos paren hurlocks, los qunari paren ogros, los enanos paren genlocks y los elfos paren
chillidos. Los engendros tenebrosos no necesitan comer y no envejecen, así que
pueden vivir indefinidamente si los encierran en una cueva o algo así. Algunos
pueden usar magia (emisarios), incluso los genlocks que vienen de los enanos.
No está claro si sueñan cuando duermen. La mayoría del tiempo parecen sin
mente, ya que su voluntad está totalmente consumida por los Antiguos Dioses o
los archidemonios. Sin embargo, si pasan por un ritual especial, pueden
liberarse y volverse totalmente conscientes (pero no necesariamente menos
hostiles). Si te infectas, te conviertes en un espectro, que es una persona
normal que sucumbe lentamente y se vuelve loca (o simplemente pierde la cabeza
por el llamado de los Antiguos Dioses. Hay reportes de algo similar a la Plaga
en fragmentos de antiguas leyendas élficas, pero sin menciones de cosas que
sean seguramente engendros tenebrosos, así que no está claro si siempre
existieron o solo aparecieron después. Son criaturas nacidas de la corrupción
de la Plaga que están siendo controladas mentalmente por los Antiguos Dioses”.
Demonios
Otra clase de
ser, que bien puede calzar para este caso, son los demonios, en efecto, esos
seres informes de humo negro transparente, similares a los alacranes, los ciempiés,
los murciélagos y tantos otros animales de la creación, que por su apariencia
provocan terror en la imaginación del observador interesado.
Pero bien
sabido es que un demonio para poder actuar necesita invadir un cuerpo vacío,
esto es, carente de luz, carente de alma, un ser humano hueco.
Así lo definió
la creación, todo ser viviente autorizado a existir será dual, cuerpo y espíritu,
una dualidad que le permite evolucionar, pero, en el caso del humano esto no es
aplicable, puesto que su creación de laboratorio nunca fue autorizada, una creación
realizada en la oscuridad y mantenida en la oscuridad.
Los seres
demoniacos son la escala más baja de la existencia, en oriente se les conoce
como "elementales" y en occidente como " demonios".
Literatura sobre demonios
“Los demonios son seres espirituales malignos, a menudo vistos como
ángeles caídos que se rebelaron contra Dios, sirvientes de Satanás, y que
representan el mal, la tentación y el caos en diversas religiones y mitologías.
También se usan coloquialmente para describir aspectos negativos internos,
problemas muy grandes, o personas muy astutas o traviesas, con expresiones como
"demonios internos" o "un demonio de problema". En
religión, ocultismo y folclore, un demonio es un ser sobrenatural descrito como
algo que no es humano y que usualmente resulta malévolo. Sin embargo, la
palabra griega original es neutral y no contiene una connotación necesariamente
negativa en sus inicios para los antiguos griegos. Esto sucedió por la
aplicación de la koiné del término daimonion y más tarde se atribuyó ese
sentido maléfico a cualquier palabra afín que compartiera la raíz, cuando
originalmente fue previsto para denotar simplemente a un "espíritu" o
un "ser espiritual". También se dice que puede referirse a personas
con un conocimiento elevado como los filósofos. En las religiones del oriente cercano, así como en las derivadas de las
tradiciones Abrahámicas, incluyendo la demonología medieval cristiana, un
demonio es considerado un "espíritu impuro", el cual puede causar una
posesión demoníaca y puede ser expulsado por el ritual del exorcismo. En el
ocultismo de Occidente y la magia renacentista, un demonio es una entidad
espiritual que puede ser conjurada y controlada. En la literatura muchos de los
demonios fueron ángeles caídos. El término demonio también se usa para indicar aspectos malignos o
miedos íntimos del ser humano, generados a través de su conducta o instintos y
que hacen daño al mismo individuo o a otras personas; refiriéndose a ellos como
"demonios internos" del ser humano. Siendo este concepto equivalente
al Angra Mainyu del zoroastrismo, o al Mara en el budismo.
Entre espantos, aparecidos y otros
Son los sueños el canal preferido para que las apariciones se manifiesten, quien puede decir que cuando duerme no sueña, siendo lo que sucede que confunde sus sueños con vivencias que cree le han sucedido. Las revelaciones, guardan información que es valiosa para quien pueda darse cuenta, un numero de lotería que saldrá premiado, la llegada de la persona esperada, o un cambio de residencia entre tantos. Es así como el relato inicial cobra trascendencia, un sueño detallado cargado de información valiosa que trae un mensaje que solo puede ser comprendido por quienes son elegidos. Una persona común, con una actividad común que le lleva a interactuar con un entorno que considera seguro y que asegura conocer, lo cual aporta a su comodidad. Una vida común en un mundo que hace mucho se volvió mezquino y en el cual, la arrogancia domina por sobre la razón. Es aquí donde los valores dejaron de ser importantes y las actitudes arribistas se cubren con máscaras de hipocresía, una máscara sobre otra mascara, tratando no de cubrir, pero si de ocultar los planes y hechos malévolos.
Siendo
mascaras lo que nos representan, tendríamos que tener varias para varias
situaciones de la cotidianidad, lo
cual requeriría de una habilidad difícil de manejar, tan difícil como delicada
y dedicada, estar consciente de donde y en qué momento utilizarla, tal como el
vecino del relato, ese que desayunaba en la azotea continua y se mostraba como
una persona agradable, una máscara de amabilidad para ser usada en el desayuno…
Y en
realidad, como podemos saber si lo que apreciamos es lo existente y no una fabricación
para solo pasar inadvertido en la multitud y que esta no reconozca quien somos
en realidad. Pero nótese como el relato nos advierte sobre “la verdad” del
vecino, pues este es una persona diferente a la que se presenta en el desayuno,
gracias a esa mascara que cubre su verdadero rostro y esconde sus comunes
actitudes, dejando ver solo y únicamente lo que el quiere que veamos, pasando
de una actitud cotidiana y normal a una actitud manipuladora, de la cual,
apenas y no podemos darnos cuenta, digo “apenas” ya que si pusiéramos a lo
mejor un poco de atención fuera del escenario y a lo mejor veríamos caer la máscara.
Es acaso que
vivimos absortos en un mundo de máscaras, donde nos hemos acostumbrado por
considerarlo la normalidad, dándonos cuenta de lo que sucede y aceptándolo por
estar dentro de la generalidad, pues si, eso exactamente es lo que sucede,
estamos apreciando algo y tendemos a decorarlo de una forma agradable que está
dentro de nuestro propio rango de tolerancia, una muestra de que seriamos nosotros
mismos los que estamos dirigiendo la obra de nuestro mundo, siendo los
directores de nuestra propia realidad.
Las máscaras
por tanto solo serían un artículo invisible más, claro que este articulo
invisible tal como en una obra de teatro permite observar lo que quiere el
actor que observemos dentro del guion de una obra escrita por nosotros mismos. Obsérvese
como podría responder este actor si la obra fuese escrita por él y no por nosotros,
a lo mejor y el actor al percibir que no hay público y ni siquiera saliera al
escenario, en este caso a su mesa en el balcón frente a nosotros, pero no, es
por causa de como establecemos el guion en la obra que estamos dirigiendo que
en realidad suceden las cosas.
Un simple
acto es una escena de la obra que estamos escribiendo diariamente, un guion
preestablecido que siguen quienes queremos que actúen en la obra, el tipo que
desayuna en frente cada dia, es solo un actor que hemos elegido para ese
instante, un tipo que no podemos saber siquiera si es real a menos que contemos
con un testigo que nos lo ratifique, pero, y ¿si el testigo es también otro
actor de nuestra misma obra?
Este
exactamente es el campo de la metafísica que los filósofos adoran estudiar, la
realidad como una obra de teatro individual, creada única y exclusivamente para
adornar momentos de nuestro convivir diario, momentos que hemos autorizado
sucedan para distraernos o a lo mejor para evitar a la soledad que nos aburre.
Si pretendiéramos entender más la profundidad de esta escena común, tendríamos que
abordar el camino de análisis detallado, ese que toma el momento y lo disgrega
en miles de partes, miles de detalles, para entender solamente la fórmula que
los une en ese exacto momento, la mano del creador que los unió para que
sucedan como lo hemos apreciado.
Que es la
realidad
La realidad
es solo un juego mental, nos hemos convencido de una forma que se nos a educado
en que los ojos pueden persivir lo que vemos, pero, nadie nos ha permitido
conocer que lo que ven los ojos en verdad esta sucediendo en un escenario que
es común a todos y no un escenario que es parte única y exclusivamente de
nosotros como grandes creadores de nuestra propia realidad cotidiana.
Mi padre solía
decir que cada quien ve lo que quiere ver y esto es diferente para cada uno, es
decir, lo que puedo ver no es igual a lo que otra persona puede ver y nada nos
garantiza en realidad que esto es así, que vemos igual, no hay forma de
demostrar que dos personas concentradas en un mismo punto están viendo lo
mismo, sino, haga el experimento y notara como las descripciones de uno y otro
van a diferir significativamente.
En el relato
del desayuno, el vecino estaría cumpliendo exactamente con el guion que establecimos
inconscientemente en nuestra obra, incluso en el comportamiento que esperamos
que este tenga, al mínimo detalle, en una repetición diaria que ya nos tiene
acostumbrados y que solo de acontecer algo de fuerza mayor podría cambiar,
claro, dentro de la voluntad de nuestro inconsciente.
Las cosas que
se ven son temporales mientras que las cosas que no se ven son eternas.
Vamos creando
nuestro día conforme el entorno que nos rodea, así, la costumbre nos lleva a
tener que cumplir con procesos que van desde que nos despertamos, mientras más
temprano lo hacemos más comodidad de tiempo poseemos para hacer lo que deseamos
hacer (tiempo libre); con esto quiero decir o me refiero a las cosas que
podemos hacer y que se podrían ajustar a ese margen de tiempo, dejando que sea
nuestro cerebro el que organice lo que haremos y la forma en que lo haremos,
todo como podremos observar siguiendo un patrón decidido por nosotros mismos.
Pero, todo
esto parecería presentarse como algo que no dependería de nosotros sino más
bien de algún tercero invisible que ve por nosotros y tiene el tiempo para
organizarnos la agenda que seguiremos en el día.
Estamos tan
acostumbrados a la tradicionalidad de lo que reconocemos como formas de
procedimiento, que, no podríamos decir que tenemos clara nuestra forma de
proceder y lo que hacemos es seguir lo que vemos nos agrade o no.
Siendo, por
tanto, el proceder de los individuos enmarcado en un mapa de escenarios probables,
de los cuales escogemos el que más se aplique a nuestra realidad o costumbre,
pudiendo alternar entre uno y otro conforme nuestra conveniencia.
Una
conveniencia forzada por supuesto y a la que nos toca acoplarnos o conformarnos
a fin de no ser mal señalados por otros observadores permanentes y vigilantes.
Entonces, una
persona mala para muchos es calificada como normal y agradable para el
individuo actor de su realidad, puesto que este no ha recibido nada indebido o
fuera de contexto en su momento de relacionamiento, aun cuando esta sea momentánea.
Somos nosotros
quienes fijamos nuestra vida y lo que esperamos suceda en el nuevo día. Así, la
chica del relato, luego de haber desayunado se traslada a su lugar de trabajo
recorriendo calles conocidas con gente que ha visto siempre en este recorrido,
de estos no conoce nada más que el momento en que se cruza en el recorrido,
sean buenos, sean malos, feos o bonitos, sanos o enfermos, vivos o muertos.
Esta es la dinámica
de lo que entendemos como realidad y que nos negamos a aceptar en toda su envergadura,
preferimos lo que más está a la vista y desechando más del cincuenta por ciento
del componente de la fórmula de esta dinámica.
La
"normalidad" es la palabra que utilizamos y reconocemos como el mapa
de acción en el que actuamos y realizamos nuestro diario convivir, así,
caminando hacia lo que conocemos como nuestro lugar de trabajo, aceptamos las
reglas de tránsito, las aceras por las que transitamos, saludamos con aquellas
personas que reconocemos fijas a los lugares, y aquellos que siempre transitan
al igual que nosotros.
En el camino
de recorrido, se encuentra Josef, un anciano y es veterano de alguna guerra de
tantas otras que utilizan a jóvenes lanzándolos como carne de cañón tras
ideales de conquista de territorios de naciones lejanas, sometiéndolos a
condiciones inhumanas a cambio del honor del servicio por una nación que luego
los condenara al olvido y la miseria.
Josef es un
anciano que ha vivido cincuenta años en la calle, él no se encuentra coherente,
sufre un trastorno psicológico sumamente grave, muchas veces se lo puede ver
corriendo de un lado a otro de la calle, escapando de la lluvia de balas
disparadas por su enemigo que como sombras se oculta en la oscuridad de puertas
y ventanas.
Lamentablemente,
Josef reacciona a las personas que utilizan vestiduras de color negro, pues
evocan a su enemigo quien en aquella colina en lo alto de la selva del Vietcong
(Việt Nam Cộng-sản, "Comunista Vietnamita"), se llevó a muchos
valiosos soldados jóvenes que fueron convocados en ese punto para defender
territorios de un país extranjero.
En noviembre
de 1965, ya no se recuerda, pero, en el conocido punto caliente del valle La
Drang de Vietnam, el valle de la muerte, uno de los campos de desolación tan
bien mencionados en las sagradas escrituras, en aquel entonces campos de honor
donde se juega la vida por defender causas indefendibles como si se tratara de
un juego macabro, un juego que se aleja de todo rasgo de mínima cordura.
Partiendo del
principio de que todo conflicto puede ser superado hablando, es la condición
del ser humano la que lo lleva a preferir el peor tipo de solución ante una confrontación
y de ahí que la búsqueda de la complicación antecede a la búsqueda de la solución
y no lo contrario.
Una forma de
pensar, una programación mental preestablecida que está inmersa en la genética
misma del ser, ahí donde nace la conciencia, el principio.
Como se puede
entender que quien exige lealtad no la otorgue, ciertamente es una falta de
honestidad básica que se presenta en los momentos más delicados específicamente,
removiendo las raíces del entendimiento y la lógica comprensión.
En el valle
de La Drang, una circunstancia ridícula enfrento a dos naciones, dos ejércitos
se colocaron uno frente al otro, mirándose en su misma desesperación y sin
saber siquiera lo que les esperaba.
Aquel catorce
de noviembre de 1965, apenas amanecía y trecientos sesenta soldados esperaban
por la señal de abordaje a los helicópteros Bell que los llevarían al punto La
Drang, solo ellos podrían relatar lo que sentían en esos precisos momentos,
toda la base en absoluto silencio, en un viaje de apenas ocho kilómetros hacia
el campo mismo de batalla, en un día que se presentaba soleado, una fuerza
estaba a punto de abrir las puertas del infierno.
La tensión
del momento hacia percibir el silencio que antecede a la batalla, a pesar de
que las turbinas de los doce helicópteros bell se encontraban encendidas, por
esas cosas de la vida, Josef estaba en el primer pelotón, ese que sería el
primero en desembarcar en La Drang.
Sin discurso,
sin despedidas, sin oraciones, nada más una señal con el brazo derecho y un
aborden que resonó en todo el campo de despegue y corrimos como almas que el
viento empuja, corrimos hacia cada uno de los doce helicópteros y despegamos,
los primeros sesenta hombres rumbo a su cita en el gran valle de sombra de
muerte.
En el
cumplimiento del deber decían, una suerte ya tachada donde escapar no era
concebible, así es el campo de desolación y sombra de muerte, donde ya nada
importa, todo queda atrás, tan seductor como la experiencia más sagrada que un
simple humano ha de enfrentar.
Nadie
siquiera podía saber que en La Drang yacía una división completa de cuatro mil
hombres fuertemente armados que nos estaban esperando, la proximidad de los helicópteros,
rugiendo como carretones de batalla hacían que no pudiéramos pasar desapercibidos,
pero esos diez minutos que nos tomó llegar fueron como diez horas, contando
segundo a segundo en un recorrido interminable hasta que desembarcamos apenas
momentos antes de que el enemigo se apostara en las inmediaciones del lugar de
aterrizaje.
Cual hordas
de demonios, el ruido del bramar de cuatro mil hombres, quiebra con cualquier
moral preparada para la mas dirá situación, el susurrar de la muerte, un arma
que no tiene igual y que ha sido utilizada por todos los ejércitos en las eras
de la humanidad, cantos de batalla que anticipan la tormenta que esta por desatarse.
Las palabras
siempre quedan cortas para describir las sensaciones, talvez si se pudiera
utilizar multiplicadores matemáticos en expresiones de lenguaje, una idea nada más
para trasmitir la potencia de las sensaciones.
Cuando el
infierno se desato, ya todos los demonios se nos echaron encima con todo su
odio y todas sus fuerzas, empezaba la pesadilla de las pesadillas, tres días
completos hasta conquistar la sima de La Drang, entre fuego cruzado, cadáveres
desparramados por todo lugar, de las trecientas sesenta ochenta y dos bajas y
de los Vietcong más de tres mil combatientes muertos cubrían las laderas de La
Drang.
Para cuando
todo termino, imposible seguir siendo aquella persona que desembarco en el
valle de desolación, para los que fallecieron de verdad que volaron hacia
nuevas tierras libres, pero para quienes sobrevivimos nunca volvería a ser
normal, es más, aquella paz antes de la tormenta se habría esfumado para
siempre y con ella la cordura, al salir del campo ya estábamos en otro limbo,
un lugar al que van los no muertos.
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